Me cansé de tu vieja, me tiene harta. Primero fui una cómoda que lo único que quería era “engancharte con el casamiento” porque sabía que con vos “me paraba” para el resto del viaje y me podía dedicar tranquilamente a “mi arte” sin tener que pagar una factura.
Como no pudo convencerte se “ablandó” conmigo durante unas semanas hasta que le dije que no quería tener hijos por los próximos tres años como mínimo. En ese mismísimo momento me convertí en una frívola sin remedio y comenzó a tomarse el asunto a modo personal. En el medio, como si fuera poco, mi mamá intentando convencerme para que quede embarazada, por mi “ser mujer”, por mi edad, por mi propio futuro.
Cuando por fin me las saqué de encima a las dos, el problema comenzó porque triunfé con “mi arte” y empecé a ganar más platita que vos, entonces el reproche se hizo constante. Que te hago sentir menos hombre, que a mi lado vos te sentís un inútil, que te opaco al frente de todos, etcéteras y más etcéteras hasta terminar con mi paciencia bastante trabajada.
Un buen día, las mandé a la mierda a las dos: madre y suegra por igual para que me dejen de romper las pelotas con tantos “deber ser” que intentaron inculcarme. Obtuve mis beneficios, es cierto pero a la larga comenzamos a pelear nuevamente.
Cuando quedé embarazada el problema resurgió debido al nombre de la futura criatura, porque ¿Cómo le iba a poner a mi hijo otro nombre que no fuera el tuyo? ¿Y cómo no? Me preguntaba yo, si es un ser humano distinto que no tiene por qué acarrear historias familiares eternas.
Cuando nació el bebé fui una descorazonada por no renunciar a mis aspiraciones laborales y quedarme en casa como Dios manda… ¿Dios manda eso? Pero por favor…
Que la niñera no era lo suficientemente buena, que el nene necesitaba más tiempo con la familia, que no las dejaba hacer su vida cuando quería que ellas lo cuidaran, que soy mala madre, mala esposa, mala trabajadora…y que todo lo que hago lo hago mal.
Ok, me cansé! Y estoy 100% cansada, no un poco cansada.
Ya no acepto críticas constructivas, ni de las otras. No quiero escucharlas más, ni a tu vieja ni a la mía y no acepto que escuches opiniones ajenas ¿Me entendés? Las decisiones son nuestras, y digo nuestras y digo tuyas y mías, de los dos, de la pareja. No hay madre, ni suegra que opine.
Si soy mala madre o no, me lo dirá mi propia conciencia algún día y los que quieran opinar que opinen pero que a mí no me rompan más las pelotas con deberes y obligaciones.
Si tu viejo y el mío no las escuchan problema de ellas, pero a mí que no me jodan más ¿Está claro?
¿Cómo? ¿Por qué te lo digo a vos con voz de enojada? Porque me cansé. Saturada, asqueada, aturdida y harta me siento.
Los de afuera son de palo te guste o no, lo que tengas para decir, me lo decís a mí en la cara, por mail, por Factbook, por msn o por el medio de comunicación que más te guste, pero a mí solita. No quiero terceros que sólo opinan porque opinar no cuesta plata.
Hasta acá llegué, los que quieran hablar que hablen, pero yo no los escucho más ¿Entendiste?
…
¿Me estás jodiendo? ¿Qué parte de “basta” no entendés? No quiero saber que opin tu mamá de que nos vayamos de “mini luna de miel” los dos solos. Si vos no querés me voy sola, pero definilo ya mismo porque mañana voy a sacar los pasajes.
…
Ups mi amor, mi vidita, mi sol… me acaba de llamar la niñera, dice que no puede quedarse con el bebé los cuatro días. ¿Qué hacemos?, ¿le pedimos a tu vieja o a la mía que lo cuiden? Gordi… ¿Por qué me mirás con esa cara de enojado? ¿Dije algo malo?
Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Septiembre 2010)
De competencias y otras yerbas!
Permanentemente competimos. Quien gana más dinero y tiene más independencia, quien consigue indiscutiblemente el monopolio del control remoto, quien se gana más fácilmente el amor del hijo/sobrino.
Competimos por quien de los dos es más respetado por nuestro perro, quien cocina más rico o hace las mejores tostadas para el desayuno, cual de los dos es más sociable en una reunión de amigos y cual más simpático.
Sin quererlo competimos. Cuando llegan las vacaciones, lo hacemos para ver quien tiene las de ganar con el destino elegido o para ver cual de los dos es el que más duerme de corrido o se broncea más en la playa.
Día a día, sin quererlo (y a veces queriéndolo del todo) competimos.
Por banalidades y también, por cuestiones relevantes. Por simple orgullo o sabiduría, por ganas de competir y llevarse el triunfo a la cama, por lo que sea.
Nos amamos, sí, pero somos dos seres humanos y, como todos, competimos por propia naturaleza, subsistencia, permanencia o lo que sea, pero competimos. Y sabemos qué cartas jugar en determinados momentos, porque nos conocemos profundamente.
Nos amamos, insisto, pero competimos permanentemente por quien de los dos ama más al otro, ¡Hasta por eso competimos!
Sin embargo, según estudios de la Universidad de Harvard y lo que es mejor, según el “boca en boca” de amigos y conocidos, ellos compiten más y mejor.
Nosotras, antes de hacerlo, preferimos priorizar la estabilidad emocional, algo que ellos desconocen en un ciento por ciento. Priorizamos el bienestar de nuestros hijos, algo que aunque ellos también prioricen, prefieren dejar en nuestras manos. Priorizamos la limpieza del hogar y la “calidad de vida”, algo que nuevamente, ellos no saben que existe… ni una cosa, ni la otra.
Así es que en cuestiones competitivas, en situaciones en las que alguno de los dos tiene que ser el “triunfador”, nosotras damos un paso al costado y cedemos ante el contrincante sin demasiadas vueltas. (salvo que todo lo anterior está “cubierto”…casi imposible!)
Queremos ganar, claro, pero no a cualquier precio, primero tenemos que tener la casa en orden, la comida lista, la tarea de los chicos terminada, la ropa para el otro día, las obligaciones laborales cumplidas, el buen vínculo con la familia política y la otra, la “calidad de vida” y algunos etcéteras más, para luego ponernos a pensar en la competencia del momento y las debilidades del adversario.
Así que señores, por mucho que nos critiquen, en esta cuestiones “competitivas” somos más “sanas” que ustedes salvo en un detalle, la inversión del aguinaldo en renovar nuestro guardarropas, eso sí que no se discute, ni se pone en la “agenda competitiva” porque definitivamente, nosotras gastamos más, mucho más y además, lo hacemos mejor. Está claro, ¿no?
Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Septiembre 2010)
Competimos por quien de los dos es más respetado por nuestro perro, quien cocina más rico o hace las mejores tostadas para el desayuno, cual de los dos es más sociable en una reunión de amigos y cual más simpático.
Sin quererlo competimos. Cuando llegan las vacaciones, lo hacemos para ver quien tiene las de ganar con el destino elegido o para ver cual de los dos es el que más duerme de corrido o se broncea más en la playa.
Día a día, sin quererlo (y a veces queriéndolo del todo) competimos.
Por banalidades y también, por cuestiones relevantes. Por simple orgullo o sabiduría, por ganas de competir y llevarse el triunfo a la cama, por lo que sea.
Nos amamos, sí, pero somos dos seres humanos y, como todos, competimos por propia naturaleza, subsistencia, permanencia o lo que sea, pero competimos. Y sabemos qué cartas jugar en determinados momentos, porque nos conocemos profundamente.
Nos amamos, insisto, pero competimos permanentemente por quien de los dos ama más al otro, ¡Hasta por eso competimos!
Sin embargo, según estudios de la Universidad de Harvard y lo que es mejor, según el “boca en boca” de amigos y conocidos, ellos compiten más y mejor.
Nosotras, antes de hacerlo, preferimos priorizar la estabilidad emocional, algo que ellos desconocen en un ciento por ciento. Priorizamos el bienestar de nuestros hijos, algo que aunque ellos también prioricen, prefieren dejar en nuestras manos. Priorizamos la limpieza del hogar y la “calidad de vida”, algo que nuevamente, ellos no saben que existe… ni una cosa, ni la otra.
Así es que en cuestiones competitivas, en situaciones en las que alguno de los dos tiene que ser el “triunfador”, nosotras damos un paso al costado y cedemos ante el contrincante sin demasiadas vueltas. (salvo que todo lo anterior está “cubierto”…casi imposible!)
Queremos ganar, claro, pero no a cualquier precio, primero tenemos que tener la casa en orden, la comida lista, la tarea de los chicos terminada, la ropa para el otro día, las obligaciones laborales cumplidas, el buen vínculo con la familia política y la otra, la “calidad de vida” y algunos etcéteras más, para luego ponernos a pensar en la competencia del momento y las debilidades del adversario.
Así que señores, por mucho que nos critiquen, en esta cuestiones “competitivas” somos más “sanas” que ustedes salvo en un detalle, la inversión del aguinaldo en renovar nuestro guardarropas, eso sí que no se discute, ni se pone en la “agenda competitiva” porque definitivamente, nosotras gastamos más, mucho más y además, lo hacemos mejor. Está claro, ¿no?
Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Septiembre 2010)
ODIO DECLARADO 3: LOS METROSEXUALES.
Definitivamente tengo un serio problema con esta nueva clase de hombres que viven preocupados por su estética.
Está muy bien que quieran cuidarse, porque los dejados que se la tiran de bohemios aunque en realidad padezcan una extraña fobia al aseo personal son desagradables, pero de ahí a gastar más plata que yo en cremas de catálogo antiedad y humectantes varios, es demasiado.
Tengo que confesar que durante toda mi vida intenté ser una mujer de mente abierta y mucho criterio para la toma de decisiones, pero aunque intente, no puedo aceptar esta nueva tendencia y me niego rotunda y deliberadamente a esta clase de hombres.
Ayer, sin ir más lejos, viví una situación espantosa que terminó por formar mi decisión al respecto y que, por supuesto, definió una vez más mi estado civil.
Acabábamos de amanecer y mientras que yo intentaba acurrucarme unos segundos más a su lado, mi última adquisición masculina saltaba de la cama para encerrase en el baño por aproximadamente 40 minutos.
¿Cuarenta minutos? Así es, al parecer, practica desde hace un tiempo una rutina sistemática que lleva a cabo los 365 día del año sin excepción: Primero lava sus manos con excesiva cantidad de jabón líquido, para luego aplicar en su rostro una costosísima crema de limpieza profunda que incluye exfoliación facial. Acto seguido y luego de quitarse toda la crema, se aplica una loción astringente para pieles sensibles, porque la máquina de afeitar le provoca irritación, a lo que le adosa un humectante antiedad con protección solar para el día y una máscara para el contorno de ojos, terminando aparentemente su ritual, con un spray de agua termal traído de no se qué lugar del planeta.
Atónita, no pude dejar de mirar lo que estaba haciendo con su rostro. Él, sin inmutarse, continuó su tarea buscando entre mis maquillajes el corrector de ojeras adecuado para su color de piel, para evitar posibles signos de cansancio en su mirada. ¡¡¡Demasiado!!!
¿Dónde quedó el hombre que nos apuraba cada vez que teníamos que salir, porque le molestaba el tiempo invertido en “producciones banales”? ¿A dónde se fue el macho latino que nos conquistaba con una intrépida barba de dos días? ¿Y el que nos criticaba por la cantidad de dinero malgastado en cremas y lociones de catálogo?
Insisto, acepto al hombre interesado en su cuidado personal, que no ande por la vida desalineado, pero de ninguna manera aceptaré al enloquecido maniático que disponga de cuarenta minutos diarios para mantener su cutis cuidado y sin imperfecciones, ni signos de mal dormir.
Definitivamente creo que esta nueva versión masculina, en primera medida, nos llevará a pérdidas económicas catastróficas, porque hasta el momento éramos sólo nosotras las que gastábamos el aguinaldo entero en cremas milagrosas pero ahora resulta que, gracias a ellos, el gasto se verá multiplicado.
Ni hablar de las luchas cotidianas por ocupar primero el baño con sus respectivos cuarenta minutos de demora. Y mucho peor si consideramos que no sólo nosotras invertiremos horas en producirnos antes de un evento, ahora ellos también lo harán y con extremo detalle.
Ese papel lo jugábamos las mujeres y lo hacíamos bien, aun no estoy preparada para ceder mis bálsamos y ungüentos contra el paso del tiempo. No quiero pelear por las cremas rejuvenecedoras, ni mirar juntos un catálogo y coincidir en el tipo de cosmético.
Quiero que él siga viviendo a cara lavada y yo, llena de “revoque”.
Quiero ser yo quien pague la maquilladora para mi casamiento, sintiéndome protagonista del momento, mitad modelo de revista y mitad diva.
Quiero que mis productos de belleza sigan siendo míos, sin tener que compartirlos con mi hombrecito de turno.
Y definitivamente quiero que en su rostro siga existiendo la barba de dos días y las marcas del paso del tiempo. Quiero un hombre fuerte, bien “macho latino” que sepa cuidarme y protegerme sin estar pensando en que olvidó encargar la última loción del mercado que promete efecto lifting.
No hay vueltas que darle, me niego rotundamente a este nuevo espécimen masculino que no sólo atenta contra nuestro bolsillo, sino y lo que es peor, contra nuestra femineidad y todo lo que podemos llegar a hacer con ella.
Como se imaginarán aquel amorcito terminó con su limpieza facial y automáticamente fue invitado a retirarse de mi casa para siempre y ahora ando nuevamente en la búsqueda de un hombre. Claro que lo primero que buscaré en este nuevo amor será su barba incipiente, la existencia de sus patas de gallo y algún que otro indicio para identificar a mi próximo “macho latino” que deteste exageradamente a estos nuevos metros sexuales.
Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Septiembre 2010)
Está muy bien que quieran cuidarse, porque los dejados que se la tiran de bohemios aunque en realidad padezcan una extraña fobia al aseo personal son desagradables, pero de ahí a gastar más plata que yo en cremas de catálogo antiedad y humectantes varios, es demasiado.
Tengo que confesar que durante toda mi vida intenté ser una mujer de mente abierta y mucho criterio para la toma de decisiones, pero aunque intente, no puedo aceptar esta nueva tendencia y me niego rotunda y deliberadamente a esta clase de hombres.
Ayer, sin ir más lejos, viví una situación espantosa que terminó por formar mi decisión al respecto y que, por supuesto, definió una vez más mi estado civil.
Acabábamos de amanecer y mientras que yo intentaba acurrucarme unos segundos más a su lado, mi última adquisición masculina saltaba de la cama para encerrase en el baño por aproximadamente 40 minutos.
¿Cuarenta minutos? Así es, al parecer, practica desde hace un tiempo una rutina sistemática que lleva a cabo los 365 día del año sin excepción: Primero lava sus manos con excesiva cantidad de jabón líquido, para luego aplicar en su rostro una costosísima crema de limpieza profunda que incluye exfoliación facial. Acto seguido y luego de quitarse toda la crema, se aplica una loción astringente para pieles sensibles, porque la máquina de afeitar le provoca irritación, a lo que le adosa un humectante antiedad con protección solar para el día y una máscara para el contorno de ojos, terminando aparentemente su ritual, con un spray de agua termal traído de no se qué lugar del planeta.
Atónita, no pude dejar de mirar lo que estaba haciendo con su rostro. Él, sin inmutarse, continuó su tarea buscando entre mis maquillajes el corrector de ojeras adecuado para su color de piel, para evitar posibles signos de cansancio en su mirada. ¡¡¡Demasiado!!!
¿Dónde quedó el hombre que nos apuraba cada vez que teníamos que salir, porque le molestaba el tiempo invertido en “producciones banales”? ¿A dónde se fue el macho latino que nos conquistaba con una intrépida barba de dos días? ¿Y el que nos criticaba por la cantidad de dinero malgastado en cremas y lociones de catálogo?
Insisto, acepto al hombre interesado en su cuidado personal, que no ande por la vida desalineado, pero de ninguna manera aceptaré al enloquecido maniático que disponga de cuarenta minutos diarios para mantener su cutis cuidado y sin imperfecciones, ni signos de mal dormir.
Definitivamente creo que esta nueva versión masculina, en primera medida, nos llevará a pérdidas económicas catastróficas, porque hasta el momento éramos sólo nosotras las que gastábamos el aguinaldo entero en cremas milagrosas pero ahora resulta que, gracias a ellos, el gasto se verá multiplicado.
Ni hablar de las luchas cotidianas por ocupar primero el baño con sus respectivos cuarenta minutos de demora. Y mucho peor si consideramos que no sólo nosotras invertiremos horas en producirnos antes de un evento, ahora ellos también lo harán y con extremo detalle.
Ese papel lo jugábamos las mujeres y lo hacíamos bien, aun no estoy preparada para ceder mis bálsamos y ungüentos contra el paso del tiempo. No quiero pelear por las cremas rejuvenecedoras, ni mirar juntos un catálogo y coincidir en el tipo de cosmético.
Quiero que él siga viviendo a cara lavada y yo, llena de “revoque”.
Quiero ser yo quien pague la maquilladora para mi casamiento, sintiéndome protagonista del momento, mitad modelo de revista y mitad diva.
Quiero que mis productos de belleza sigan siendo míos, sin tener que compartirlos con mi hombrecito de turno.
Y definitivamente quiero que en su rostro siga existiendo la barba de dos días y las marcas del paso del tiempo. Quiero un hombre fuerte, bien “macho latino” que sepa cuidarme y protegerme sin estar pensando en que olvidó encargar la última loción del mercado que promete efecto lifting.
No hay vueltas que darle, me niego rotundamente a este nuevo espécimen masculino que no sólo atenta contra nuestro bolsillo, sino y lo que es peor, contra nuestra femineidad y todo lo que podemos llegar a hacer con ella.
Como se imaginarán aquel amorcito terminó con su limpieza facial y automáticamente fue invitado a retirarse de mi casa para siempre y ahora ando nuevamente en la búsqueda de un hombre. Claro que lo primero que buscaré en este nuevo amor será su barba incipiente, la existencia de sus patas de gallo y algún que otro indicio para identificar a mi próximo “macho latino” que deteste exageradamente a estos nuevos metros sexuales.
Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Septiembre 2010)
Una vez al mes!
Una vez al mes, algo cambia en nosotras. Y digo algo, por no sonar exagerada al decir “todo”. Porque en verdad, más allá de confirmar una otra vez que “hicimos las cosas bien” por el momento, nuestro pobre cuerpecito tiene que vivir y revivir mensualmente un millón de cambios y sensaciones que sólo nosotras conocemos.
Parece mentira y exagerado pero cuando se acerca la fecha que tenemos marcada en el calendario comienzan inevitablemente las ganas de llorar por cualquier motivo, la necesidad inminente de comer una docena y media de facturas con crema en cuestión de segundos, los dolores corporales en todo el cuerpo (no sólo los ovarios) y el deseo de tener un trabajo que permita tomarnos dos días al mes sólo porque nos vino y no queremos cumplir con ciertas obligaciones laborales como sonreírle a cualquiera.
Sin quererlo una palabra expresada “algo fuerte”, una mirada poco agradable y hasta que olviden abrirnos las puertas del auto puede desatar en nosotras deseos irremediables de arremeter contra todo aquel que se cruce por nuestro camino.
Como si fuera poco, nos sentimos hinchadas, nos vemos más gordas, y tenemos sensaciones de incomodidad corporal cada cinco segundos (en promedio). El hambre y la ansiedad se acomodan en nuestro estómago y no existe exquisitez capaz de subsanar esa sensación de vacío, ni la torta más rica, ni el helado más grande, ni la lasaña con la que nos antojamos a las cinco de la tarde.
Para variar, entre atracón y atracón, hacemos zapping durante horas y cuando por fin encontramos esa tonta comedia romántica que nos hace pensar en “nada”, comenzamos a llorar desaforadamente porque la protagonista fue abandonada en un café por su “hombrecito”, algo que lejos de inquietarnos debería confirmarnos lo muy parecidos que son todos ellos al fin y al cabo.
En definitiva, una vez al mes como mínimo, somos víctimas del cambio corporal más extremo que jamás haya existido y nada podemos hacer al respecto.
En lo personal opté por tomarme algunas licencias esos días: mastico todo aquello que esté al alcance de mis manos aunque eso signifique incorporar solo hidratos de carbono durante horas, lloro como una maniática sin remedio e invierto cantidades industriales de dinero en pañuelos descartables y maltrato a todo aquel ser humano que se cruce por mi camino, sólo para sentir un ápice de bienestar.
De más está decir que hoy estoy en unos de esos días y lo único que puedo hacer es este tipo de “catarsis” para comenzar a sentir tranquilidad por haberlo podido expresar después de todo, por lo demás ya voy ingiriendo un kilo y medio de helado de dulce de leche granizado (porque el antojo es con sabor incluido) además de haber permanecido en la cama más de lo habitual para ser día sábado y haber prescindido total y absolutamente del maquillaje facial porque no se me de la regalada gana de revocarme.
¿Mi buen humor? Creo que a simple vista advertirán que ni eso puede subsistir en estos días de indisposición inevitable.
Ojalá que alguna vez comience a acostumbrarme a esta situación mensual y sepa aceptarla con grandeza, algo que claro está, por el momento no sucede. ¡Que nos sea leve!
Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Octubre 2010)
Parece mentira y exagerado pero cuando se acerca la fecha que tenemos marcada en el calendario comienzan inevitablemente las ganas de llorar por cualquier motivo, la necesidad inminente de comer una docena y media de facturas con crema en cuestión de segundos, los dolores corporales en todo el cuerpo (no sólo los ovarios) y el deseo de tener un trabajo que permita tomarnos dos días al mes sólo porque nos vino y no queremos cumplir con ciertas obligaciones laborales como sonreírle a cualquiera.
Sin quererlo una palabra expresada “algo fuerte”, una mirada poco agradable y hasta que olviden abrirnos las puertas del auto puede desatar en nosotras deseos irremediables de arremeter contra todo aquel que se cruce por nuestro camino.
Como si fuera poco, nos sentimos hinchadas, nos vemos más gordas, y tenemos sensaciones de incomodidad corporal cada cinco segundos (en promedio). El hambre y la ansiedad se acomodan en nuestro estómago y no existe exquisitez capaz de subsanar esa sensación de vacío, ni la torta más rica, ni el helado más grande, ni la lasaña con la que nos antojamos a las cinco de la tarde.
Para variar, entre atracón y atracón, hacemos zapping durante horas y cuando por fin encontramos esa tonta comedia romántica que nos hace pensar en “nada”, comenzamos a llorar desaforadamente porque la protagonista fue abandonada en un café por su “hombrecito”, algo que lejos de inquietarnos debería confirmarnos lo muy parecidos que son todos ellos al fin y al cabo.
En definitiva, una vez al mes como mínimo, somos víctimas del cambio corporal más extremo que jamás haya existido y nada podemos hacer al respecto.
En lo personal opté por tomarme algunas licencias esos días: mastico todo aquello que esté al alcance de mis manos aunque eso signifique incorporar solo hidratos de carbono durante horas, lloro como una maniática sin remedio e invierto cantidades industriales de dinero en pañuelos descartables y maltrato a todo aquel ser humano que se cruce por mi camino, sólo para sentir un ápice de bienestar.
De más está decir que hoy estoy en unos de esos días y lo único que puedo hacer es este tipo de “catarsis” para comenzar a sentir tranquilidad por haberlo podido expresar después de todo, por lo demás ya voy ingiriendo un kilo y medio de helado de dulce de leche granizado (porque el antojo es con sabor incluido) además de haber permanecido en la cama más de lo habitual para ser día sábado y haber prescindido total y absolutamente del maquillaje facial porque no se me de la regalada gana de revocarme.
¿Mi buen humor? Creo que a simple vista advertirán que ni eso puede subsistir en estos días de indisposición inevitable.
Ojalá que alguna vez comience a acostumbrarme a esta situación mensual y sepa aceptarla con grandeza, algo que claro está, por el momento no sucede. ¡Que nos sea leve!
Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Octubre 2010)
ESE AMOR QUE TODOS NECESITAMOS...
Independientemente de lo mucho o poco que lo expresen. Y dejando de lado los desplantes habituales que nos hacen cada vez que intentamos hablarles mientras están mirando la TV, ellos necesitan del amor para subsistir.Por nuestra parte y al margen de lo muy feministas o machistas que seamos, y pasando por alto el tema de la caballerosidad masculina y las necesidades femeninas que viven chocando unas con otras, todas nosotras también necesitamos del amor para respirar día a día.
Es que existe un punto invisible en nuestro camino que nos provoca un clik mental obligándonos a mirar para atrás. En ese momento, por lo general revivimos aquellas cosas especiales, el abrazo que nos dio nuestro primer amor aunque después nos haya engañado con nuestra mejor amiga, aquella carta empapada en perfume, aquellas primeras cinco letras que nos transformaron (Te amo) y aquel primer beso que, aunque robado, significó mucho.
Ellos recordarán la primera vez como un acto de valentía, aquella muchachita deseada por el curso entero que sólo a ellos les aceptó la invitación a salir, esa carta de amor firmada por una enamorada anónima y por qué no, aquella primera novia del barrio.
Como sea, y con diferencias lógicas, todos estamos en la misma. Ellos sin decirlo demasiado, nosotras repitiéndolo todo el tiempo. Ellos negándolo a rajatabla, nosotras aceptándolo aunque luego nos critiquen por semanas, ellos escondiéndolo de su madre, nosotras confesándolo permanentemente.
Diferentes pero idénticos en necesidades.
El amor, por muy cursi que suene, alguna vez nos toca la puerta de casa, entra como ráfaga y se acomoda en nuestra agenda diaria.
Cuando está y es real, las mujeres aceptamos domingos de fútbol aunque eso nos provoque acidez estomacal y ellos, aceptarán de vez en cuando un día de Shopping.
Nosotras aceptaremos sonreírle a nuestra suegra rompe pelotas y ellos harán su parte con nuestras madres absorbentes.
Ellos pondrán en juego su masculinidad y alguna vez, nos enviarán un ramo de rosas rojas y nosotras haremos tripa corazón por ser el hazmerreír del barrio, y les plantaremos en la puerta de la casa un pasacalle felicitándolo por su último logro.
De vez en cuando llorarán con nosotras y hasta nos irán a comprar un chocolate con leche en medio de la noche y nosotras correremos a la farmacia un domingo a las tres de la madrigada porque el Sr. está con terrible resaca.
Cuando ese amor llegue para quedarse, ellos dejarán de lado su machismo empedernido y reservarán una mesa en algún buen restaurante. Nosotras, les escribiremos cartas o les recordaremos una y otra vez lo mucho que los amamos. Ellos pedirán casamiento inminente y nosotras, como buenas mariconas que somos, entre lágrimas responderemos afirmativamente (siempre que haya viento a favor por supuesto) y entonces nos encontraremos en el altar los dos, pensando en las miles de veces que juramos no casarnos por descreer del matrimonio. Claro que ellos, pensarán lo mismo que nosotras pero entenderán que, cuando llega el amor, ese que todos necesitamos, el final es uno sólo, por lo menos por los próximos tres años en los que no podremos divorciarnos legalmente. (Siempre es bueno ser precavida, ¿No?)
Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - 2010)
25 verdades femeninas

- Asumamos de una vez y para siempre, que no estamos hinchadas porque nos vino, estamos gordas y punto.
- Que no somos el sexo débil y que sólo sostenemos esa hipótesis, cuando necesitamos un abrazo o queremos que nos abran la puerta del auto.
- Que por mucho que lo intentemos, con los únicos que nos llevaremos bien será con nuestros suegros. ¡Suegras abstenerse!
- Que ser madres nos vuelve algo paranoicas, temerosas, inseguras y de paso también, nos deja unos kilos de más que no bajaremos nunca.
- Que un buen escote, predispone al interlocutor positivamente. Siempre que sea un hombre, claro.
- Que aunque odiemos sus tardes de fútbol, siempre terminamos lavando las mugrosas medias que usaron en el partido.
- Que creamos que si comemos menos en frente a ellos, aparentaremos mayor delgadez.
- Que en una juntada de amigas desperdiciaremos el 90% del tiempo, en sacadas de cuero al “ex” de momento.
- Que ni bien pasamos los 25 y aunque lo neguemos, gastamos cantidades industriales de dinero en cremas anti-edad.
- Que cada vez que decimos -Mirá que lindo ese vestidito, mi amor- estamos queriendo decir -Tomá nota que se acerca mi cumpleaños, mi vida-
- Por mucho que lo intentemos, nunca podremos pasar de un colorado a un rubio ceniza, sin previas visitas a la peluquería.
- La depilación con cera es extremadamente más dolorosa, pero también más duradera.
- Los dolores femeninos son terribles pero, a veces, nos vienen bien para arremeter contra una jornada laboral extenuante.
- El parto es lo más doloroso del mundo pero nos llena de felicidad.
- Cuando queremos, podemos dominarlos sin control.
- Las suegras, por muy bondadosas que sean, siempre nos harán la vida imposible.
- Las raíces por falta de tintura, son patéticas.
- El maquillaje hace milagros que no pueden conseguirse de otra manera.
- Aunque haya mucha cirugía, no conseguiremos sentirnos más jóvenes.
- Por más bueno que sea, después del primer año de convivencia dejará de cambiar el rollo de papel higiénico cuando se acabe.
- Aunque no lo aceptemos, siempre se duerme mejor si monopolizamos el sommier, de vez en cuando.
- Por mucho que reneguemos, disfrutamos de despertarnos a la madrugada para alimentar a nuestros hijos.
- En la mayoría de los casos, somos un desastre frente al volante.
- Nos encanta criticar a las demás, para sentirnos mejores nosotras mismas.
- Somos celosas por naturaleza y aunque lo neguemos a rajatabla.
Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - 2010)
Pájaro que comió...

Muchos dicen que “pájaro que comió voló”. Yo digo a mi pesar que efectivamente ese dicho popular tiene mucho, por no decir muchísimo, de veracidad.
Por supuesto que cada uno tiene sus tiempos y sus tácticas premeditadas pero, a decir verdad, cuando ellos encuentran lo que andan buscando, justo en el momento en el que comienzan a saborear el placer de la victoria, pegan el portazo y “a otra cosa mariposa”. No caben dudas.
Juro que quise creer en que mi propia experiencia me iba a revelar lo contrario a aquella afirmación drástica. Estaba decidida a demostrarles a mis amigas (solteras como yo) que no todos los hombres son abandónicos por naturaleza, pero no, sólo sigo confirmándolo mal que me pese.
Puede que algunos permanezcan algo más de tiempo, es cierto, puede que hasta comience a encariñarse con tu sommier recién adquirido gracias a esa financiación salvadora, puede que hasta alguna vez se le haya cruzado por la cabeza la idea de probar la convivencia de una vez por todas, pero a la larga o a la corta, se marchan dejando atrás el mero recuerdo de algunos días compartidos y buena cama.
Ok, lo entendí muchachos, no jodo más, pero ahora seré yo quien coma y se largue del todo. No pretendan compromisos, ni pedidos, ni demostraciones. A partir de hoy voy por mi objetivo y aténganse a las consecuencias.
No, no es venganza cachorro, es sólo un cambio de parecer para salir airosa de relaciones esporádicas que tanto cansan. No, tampoco es feminismo empedernido, tan sólo algo de “reivindicación” y de paso, nuevas alternativas.
Insisto querido, la venganza no está presente sino más bien algo de orgullo y como siempre “la frente en alto por la vida”, mientras vos te dedicás a alimentar tus estadísticas de abandono y tus pocas ganas de empezar algo “serio”.
Por lo demás, pónganse los cinturones porque vamos en picada mis queridas congéneres.
Por supuesto que cada uno tiene sus tiempos y sus tácticas premeditadas pero, a decir verdad, cuando ellos encuentran lo que andan buscando, justo en el momento en el que comienzan a saborear el placer de la victoria, pegan el portazo y “a otra cosa mariposa”. No caben dudas.
Juro que quise creer en que mi propia experiencia me iba a revelar lo contrario a aquella afirmación drástica. Estaba decidida a demostrarles a mis amigas (solteras como yo) que no todos los hombres son abandónicos por naturaleza, pero no, sólo sigo confirmándolo mal que me pese.
Puede que algunos permanezcan algo más de tiempo, es cierto, puede que hasta comience a encariñarse con tu sommier recién adquirido gracias a esa financiación salvadora, puede que hasta alguna vez se le haya cruzado por la cabeza la idea de probar la convivencia de una vez por todas, pero a la larga o a la corta, se marchan dejando atrás el mero recuerdo de algunos días compartidos y buena cama.
Ok, lo entendí muchachos, no jodo más, pero ahora seré yo quien coma y se largue del todo. No pretendan compromisos, ni pedidos, ni demostraciones. A partir de hoy voy por mi objetivo y aténganse a las consecuencias.
No, no es venganza cachorro, es sólo un cambio de parecer para salir airosa de relaciones esporádicas que tanto cansan. No, tampoco es feminismo empedernido, tan sólo algo de “reivindicación” y de paso, nuevas alternativas.
Insisto querido, la venganza no está presente sino más bien algo de orgullo y como siempre “la frente en alto por la vida”, mientras vos te dedicás a alimentar tus estadísticas de abandono y tus pocas ganas de empezar algo “serio”.
Por lo demás, pónganse los cinturones porque vamos en picada mis queridas congéneres.
Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - 2010)
EL COMPLEJO DE ELECTRA Y ALGUNAS COSITAS MÁS...

El “complejo de electra” propuesto por Carl Gustav Jung en el mil novecientos y pico, llega para hacerle frente su contraparte, el “Edipo”, propuesto por Freud. El primero, consiste básicamente, en una atracción afectiva de la hija mujer a la figura paterna, para explicar la maduración femenina.
Según Carl, este “complejo de Electra” es algo común que afecta a la mayoría de las niñas en algún momento de la infancia, generando un “enamoramiento o admiración” hacia la figura paterna del hogar.
Lo cierto es que, independientemente de lo que Jung haya dicho, en el vínculo padre e hija existen algunas cuestiones más, además de “Electra”, que en el día del padre no podemos pasar por alto, a saber:
Según Carl, este “complejo de Electra” es algo común que afecta a la mayoría de las niñas en algún momento de la infancia, generando un “enamoramiento o admiración” hacia la figura paterna del hogar.
Lo cierto es que, independientemente de lo que Jung haya dicho, en el vínculo padre e hija existen algunas cuestiones más, además de “Electra”, que en el día del padre no podemos pasar por alto, a saber:
- La hija mujer, en la mayoría de los casos, es la preferida del padre, logrando con esto, todas aquellas cosas que mamá no haya podido conseguir jamás, incluso la extensión de la tarjeta de crédito.
- La hija mujer además, conseguirá que el padre la lleve de paseo al Shopping un domingo por la tarde, le compre la ropa más costosa y luego la lleve a tomar un helado gigante. Tres cosas que, ante igual pedido de su esposa, él responderá: 1) “El domingo no voy a ningún lado porque tengo que ver el resumen deportivo”. 2) “Seguís gastando plata en ropa y yo cada vez tengo menos lugar en el vestidor”. 3) “Seguile entrándole a los postres nomás… después no me digas que estás gorda, eh!
- Por más “feita” que sea la criatura, para el padre será la nena más bella del mundo y la llenará de elogios frente a cualquier persona mientras que, a la madre, le recordará una y otra vez la importancia de las dietas (esto también sucederá en público, por supuesto)
- En cada acto escolar de la niña, el padre le tomará miles de fotografías, la filmará durante horas y la llenará de aplausos sintiéndose orgulloso de su hija, sin embargo cuando su mujer lo invite a visitar la exposición de pintura en la que participa, él dirá que esas no son cosas de hombres y brillará por su ausencia.
- Cada vez que las efemérides indiquen el día “de la hija” (si es que existe ese día, claro) el padre lo recordará religiosamente y le llevará de regalo una muñeca con vestido de princesa, mientras que “al día de la esposa” lo pasará por alto y si su mujer pone en evidencia el olvido, él lo justificará diciendo que tiene demasiadas cosas como para andar en detalles tan “menores”.
- Para el día del padre, ellos se cansarán de repetirle a sus hijas que no necesitan regalos costosos para ser felices porque demasiado con tenerlas a ellas en sus vidas, mientras que a su mujer, le reprocharán una y otra vez aquel regalo de cumpleaños prometido que nunca llegó a sus manos.
Al parecer, no tenemos demasiado para quejarnos todas nosotras, las hijas mujeres, así es que les propongo que mañana domingo abracemos fuerte a nuestros papis y les recordemos (aunque ya estemos pisando los treinta y pico) lo mucho que los queremos y necesitamos ahora, que además de hijas mujeres, estamos ejerciendo el rol de esposas con nuestros respectivos maridos. ¡Una de cal y otra de arena!
Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Sábado 19 de Junio de 2010)
Nosotras y el mundial: ¿Qué hacer en tiempos de fútbol?
Si nos sobraban motivos para sentir que molestábamos en sus rituales de fin de semana, desde hace un tiempo y por bastante más, sumamos uno nuevo a la lista: el mundial de fútbol.
Desde que larga “la previa futbolera” y hasta que termina, nos cansaremos de escuchar conversaciones idénticas entre él y sus amigos, en las que una y otra vez discutirán acaloradamente decisiones del tipo de poner a un jugador u otro, tácticas de juego, mejor estrategia en la cancha, la concentración ideal y lo mucho o poco que cuestan las remeras celestes y blancas. Y lo que es peor es que, por muy interesante que sea nuestro “aporte” a las conversaciones en cuestión, durante la época “mundialera” dejaremos de ser sus mujeres para pasar a ser simples “esclavas” o lo que es peor, “arbustos” que deberán correrse del frente cada vez que nos pongamos delante del preciado televisor.
Como sea, no podremos zafar de estas conversaciones monotemáticas porque además de ellos, nuestros compañeros de oficina discutirán durante horas por lo mismo y en cada charla familiar, en la que haya más de dos hombres, el “tema” elegido serán esos once jugadores que disputarán la copa.
Debo admitirles que, aunque disfrute de ver algún que otro partido de vez en cuando, esto es una plaga difícil de controlar, todo se llena de celeste y blanco (y cuando digo todo es TODO), los hogares se preparan para la fiesta (que se disputa en el otro extremo del globo) los asados se vuelven moneda corriente y por supuesto, el alcohol comienza a adueñarse de nuestros hombres que, de cada partido, harán una excusa para reunirse con sus “amigotes”, esos que ensucian nuestro departamentito a más no poder cada vez que llegan de visita.
Sin embargo y aunque parezca demasiado, el tema no termina ahí sino que se potencia porque inevitablemente éstas situaciones de “hincha furioso del mundial” no se limitan a los partidos en los que Argentina dispute el triunfo, algo que aceptaría sin problemas, sino que todo aquel partido del mundial (aunque jueguen dos países que no hayan escuchado nombrar jamás) será la clave para la “juntada masculina”, con cervezas de mano en mano, kilos de carne y comida variada, y como si fuera poco, el pedido exagerado de “do not disturb” en cada conversación que tengamos, o intentemos tener con nuestros hombres.
De repente, y estando a escasos días del campeonato mundial, se vuelven unos autómatas sin remedio, con los que no podés contar ni para que te alcancen un vaso de agua y mucho menos para tareas que requieran de cierta inteligencia o atención, por supuesto.
Entonces, la pregunta del millón… ¿Qué nos queda a nosotras en estos tiempos de fútbol? No mucho mis queridas, salvo reunirse con amigas (porque estarán en la misma situación que nosotras), tomarse unos mates con nuestras madres, y si él paga la tarjeta de crédito, salir de Shopping y reventarles el saldo disponible, porque de ninguna manera advertirán que llegamos con cientos de bolsas, se los juro.
¿Quedarse con ellos e intentar compartir una actividad en “equipo? Nada más lejano, porque invariablemente ante nuestros comentarios “poco felices” para ellos, sólo escucharemos un “shhhhhhh” generalizado que nos hará sentir más inútiles de lo que nos sentimos una vez cada cuatro años con la llegada del mundial.
En fin, es nuestro tiempo y ante la inminente realidad, comencemos a disfrutar de una soltería al cien por ciento hasta que el campeón mundial haya obtenido su copa. ¿Punto a favor? No corremos riesgo de “gorreo” bajo ningún punto de vista porque ni para eso perderán un minuto de los partidos, se los aseguro.
Por Julieta Gáname (Texto publicado en la Guía de Supervivencia Femenina de Ay Love - www.ay-love.com )
Desde que larga “la previa futbolera” y hasta que termina, nos cansaremos de escuchar conversaciones idénticas entre él y sus amigos, en las que una y otra vez discutirán acaloradamente decisiones del tipo de poner a un jugador u otro, tácticas de juego, mejor estrategia en la cancha, la concentración ideal y lo mucho o poco que cuestan las remeras celestes y blancas. Y lo que es peor es que, por muy interesante que sea nuestro “aporte” a las conversaciones en cuestión, durante la época “mundialera” dejaremos de ser sus mujeres para pasar a ser simples “esclavas” o lo que es peor, “arbustos” que deberán correrse del frente cada vez que nos pongamos delante del preciado televisor.
Como sea, no podremos zafar de estas conversaciones monotemáticas porque además de ellos, nuestros compañeros de oficina discutirán durante horas por lo mismo y en cada charla familiar, en la que haya más de dos hombres, el “tema” elegido serán esos once jugadores que disputarán la copa.
Debo admitirles que, aunque disfrute de ver algún que otro partido de vez en cuando, esto es una plaga difícil de controlar, todo se llena de celeste y blanco (y cuando digo todo es TODO), los hogares se preparan para la fiesta (que se disputa en el otro extremo del globo) los asados se vuelven moneda corriente y por supuesto, el alcohol comienza a adueñarse de nuestros hombres que, de cada partido, harán una excusa para reunirse con sus “amigotes”, esos que ensucian nuestro departamentito a más no poder cada vez que llegan de visita.
Sin embargo y aunque parezca demasiado, el tema no termina ahí sino que se potencia porque inevitablemente éstas situaciones de “hincha furioso del mundial” no se limitan a los partidos en los que Argentina dispute el triunfo, algo que aceptaría sin problemas, sino que todo aquel partido del mundial (aunque jueguen dos países que no hayan escuchado nombrar jamás) será la clave para la “juntada masculina”, con cervezas de mano en mano, kilos de carne y comida variada, y como si fuera poco, el pedido exagerado de “do not disturb” en cada conversación que tengamos, o intentemos tener con nuestros hombres.
De repente, y estando a escasos días del campeonato mundial, se vuelven unos autómatas sin remedio, con los que no podés contar ni para que te alcancen un vaso de agua y mucho menos para tareas que requieran de cierta inteligencia o atención, por supuesto.
Entonces, la pregunta del millón… ¿Qué nos queda a nosotras en estos tiempos de fútbol? No mucho mis queridas, salvo reunirse con amigas (porque estarán en la misma situación que nosotras), tomarse unos mates con nuestras madres, y si él paga la tarjeta de crédito, salir de Shopping y reventarles el saldo disponible, porque de ninguna manera advertirán que llegamos con cientos de bolsas, se los juro.
¿Quedarse con ellos e intentar compartir una actividad en “equipo? Nada más lejano, porque invariablemente ante nuestros comentarios “poco felices” para ellos, sólo escucharemos un “shhhhhhh” generalizado que nos hará sentir más inútiles de lo que nos sentimos una vez cada cuatro años con la llegada del mundial.
En fin, es nuestro tiempo y ante la inminente realidad, comencemos a disfrutar de una soltería al cien por ciento hasta que el campeón mundial haya obtenido su copa. ¿Punto a favor? No corremos riesgo de “gorreo” bajo ningún punto de vista porque ni para eso perderán un minuto de los partidos, se los aseguro.
Por Julieta Gáname (Texto publicado en la Guía de Supervivencia Femenina de Ay Love - www.ay-love.com )
Mandatos femeninos
Que tenemos que ser lindas porque sino no servimos para nada, que nos depilemos cada quince días como mínimo porque corresponde, que no comamos más que ellos porque las “chichas” están haciendo de las suyas, que el alcohol siempre tendrá que ser ingerido en su medida justo porque una mujer borracha hace un papel horrible (¿Y ellos no?), que el buen trato es fundamental porque sino somos locas, que el puesto que queremos será para él porque no está diseñado para una mujer, que la casa esté limpia como siempre la tuvo su madre, que la comida también esté lista y que ni se me ocurra llamar a un delivery, que los chicos estén bañados y en la cama, para que no molesten demasiado cuando llega y sumado a todo eso, etcéteras varias.Y a la noche. ¿salimos hoy y todavía no estás lista? Ahora te voy a tener que esperar horas hasta que vacíes el vestidor, elijas que ponerte, te quejes porque no tenés nada y lleguemos horas más tarde a la comida. ¿Qué hiciste durante todo el día, me podés explicar?
Nada, claro que no hice nada sólo fui a trabajar, busqué los chicos por la escuela, les preparé la comida, los hice dormir la siesta, mientras tanto adelanté unas cosas de la oficina y limpié un poco la casa. Después los desperté, les hice hacer la tarea, los bañé a los tres y les inventé juegos para que se diviertan. Comencé a cocinar para la noche, te planché la camisa celeste que querías usar, me bañe, me peiné como pude porque mientras tanto tuve que darles la merienda y en el medio hablé cien veces con mi mamá para que se quede con ellos a la noche.
¿Qué hice durante todo el día? Nada, claro que nada. Una vez que la convencí a mamá los subí a los tres al auto y la fui a buscar porque no tenía como venirse a casa, llegamos a casa, me tomé dos mates como pude y les dejé todo listo para la noche.
Justo en ese momento llegaste vos, cuando estaba dándoles de comer, cuando intentaba sacarle trabajo a mi mamá para que no se complique la vida.
Saludaste desganado y sin ofrecer colaboración, por supuesto, te bañaste, te vestiste y yo todavía estoy tratando de dejar anotados los teléfonos útiles, los remedios posibles, los clave de la alarma y mil cosas más antes de irnos.
¿Por qué no me cambié? ¿Cómo querés que haga, explicame por favor, para poder hacer todo lo que VOS querés que haga, lo que el laburo me demanda, lo que mis hijos necesitan y lo que a mí me gustaría hacer después de todo eso?
Querido, definitivamente no entendés nada y la única multifacética que tiene que lidiar con todo en esta casa soy yo. ¿Por qué? Porque como no prestás atención a nada, hace horas que estás tratando de ponerle el pijama tipo “osito” a tu hija al revés, cosa que, desde ya te digo, va a ser imposible. La pobre criatura corre riesgo de asfixia con vos y yo, un día de estos, te meto una patada en el culo y comienzo a arreglármelas solita, como vengo haciendo dese años, okay.
¿Qué hice durante todo el día? Nada, evidentemente nada, pero seguime buscando nomás y en cualquier momento empiezo a hacer un montón de cosas que no te van a gustar demasiado… ¡Que me sea leve!
Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Sábado 1 de Mayo de 2010)
GUÍA PARA SUBSISTIR A UN MARIDO DESOCUPADO

Debido a esa situación que tuvo que vivir digámosle M., marido de la prima de una de mis amigas, comencé a pensar en que, la totalidad del género femenino, debería disponer de una guía de 10 pasos básicos, como mínimo, para poder subsistir a la desocupación del hombre de la casa.
Esto se requiere ya que el hombre desocupado, desde el mismísimo momento en el comienza a serlo, se vuelve un autómata total y absoluto y cualquier tarea solicitada se verá terriblemente incumplida por el susodicho.
Debido a lo anterior, toda mujer esposada o que se precie de vivir en concubinato, deberá contar con esta práctica guía que la ayudará a sobrevivir a terrible debacle laboral maridística, sabiendo qué cosas hacer y cuáles evitar en el vínculo marital, con el único de fin de evitar situaciones complicadas.
Por tal motivo, dentro de estos 10 pasos básicos debería incluirse, en primera medida, la necesidad de aprender a “bloquear” al marido cuando comience con la eterna queja al sistema económico del momento, la democracia, el desempeño de empleados más jóvenes que él y la llegada del nuevo Gerente con la subsiguiente reestructuración de la empresa, aprendiendo también a sonreírle, asentir o negar tal cual él lo haga, pero evitando comentarios poco gratos para el afectado.
A continuación, deberá explicitarse la mejor manera en la que, la mujer del desocupado, deberá comunicarle las deudas de servicios e impuestos del hogar, el aumento del colegio de los niños y el incremento en los precios del supermercado sin que él desee asesinarla ni bien se entere de los gastos por pagar. Importante: En caso que suceda lo peor, la guía deberá contener consejos básicos de defensa personal por si acaso.
Como tercer punto fundamental en este vínculo entre desocupado y esposa, deberá definirse los términos en los que la susodicha deberá comunicarle al marido la necesidad incipiente de levantarse de una vez por todas de la cama, sacudirse la mala onda, afeitarse exhaustivamente y acto seguido, salir a “comerse la cancha” buscando un nuevo empleo aunque su DNI acuse más de 40 y pico de años. (Ojo, esto será complicado porque a esa edad los hombres tienen su primer gran crisis y la tarea no será nada sencilla)
Otro aspecto a considerar en esta guía, será el aprendizaje relacionado a evitar frases del tipo de “no tengo que ponerme”, “nunca nos tomamos vacaciones”, “quiero esas botas de cuero” porque si se pronuncian, podrían llegar a generarse conflictos bélicos en la pareja que al cortísimo plazo, influenciarán en el desempeño escolar y emocional de las criaturas compartidas. (Lo que adosará un nuevo gasto a la estructura familiar: una terapeuta infantil para los más pequeños)
Debido a lo anterior, la principal ejecutadora en esta nueva etapa de vida familiar, será la mujer que además de lavar la ropa, cocinar económicamente, hacer la tarea con los chicos y mantener limpio el hogar con un escuetísimo presupuesto, deberá llamarse al silencio evitando reproches y propuestas que requieran inversiones alocadas para el bolsillo desocupado del marido.
De todo lo anterior, es innegable que en una guía que explicite la forma de sobrevivir ante esta realidad, no podrá obviarse los ítems siguientes para completar al 100% su contenido:
No cargosear al marido ni ejercer presión por el término de las primeras dos semanas en las que se encuentre desocupado, por la salud mental de todos los miembros de la familia y de los parientes cercanos.
Si el desocupado es convocado a una reunión laboral, no prender demasiadas velas ni improvisar altares en el hogar para no exacerbar sus nervios. Si es condición sine qua non el armado de estas demostraciones, favor de hacerlo en el hogar maternal, es decir el de la suegra, para que él no advierta la necesidad de triunfar en la entrevista ni la presión que ejercen, en nombre de su mujer, todos los santos habidos y por haber.
Omitir pronunciar frases del tipo de: “está desocupado, imaginate el caos por el que estamos pasando”, “no sabemos qué más hacer para llegar a fin de mes”, “no vamos a ir porque no nos alcanza mi sueldo”, “que haríamos sin mi trabajo”, “por lo menos limpiá la casa ya que no cumplís horarios” en presencia del marido, porque de lo contrario pasará automáticamente a engrosar la lista de divorciadas y abandonadas y no podrá salvar el matrimonio ni aunque invierta industriales sumas de dinero en terapia de pareja, se lo aseguro.
No hacerle demostraciones penosas o relacionadas a la lástima que le genera el ver desocupado a su hombre, ya que sólo conseguirá mayor depresión, mayor desagano y mayor desocupación, claro está.
Evitar, por cualquier medio, ponerlo en evidencia ante sus amigos o su madre/padre dejando claro la condición de desocupado de él y la bendición de ella de haber conseguido un trabajo tiempo atrás, porque de lo contrario hoy estarían en la calle. Eso definitivamente, podría ser la razón de su soledad y el abandono automático de su marido sin volver a verle la cara nunca más.
Usted ha sido advertida. Cuando esté lista la guía, comenzaremos a sumar millones de adeptas en cuestión de segundos, se lo aseguro.
Esto se requiere ya que el hombre desocupado, desde el mismísimo momento en el comienza a serlo, se vuelve un autómata total y absoluto y cualquier tarea solicitada se verá terriblemente incumplida por el susodicho.
Debido a lo anterior, toda mujer esposada o que se precie de vivir en concubinato, deberá contar con esta práctica guía que la ayudará a sobrevivir a terrible debacle laboral maridística, sabiendo qué cosas hacer y cuáles evitar en el vínculo marital, con el único de fin de evitar situaciones complicadas.
Por tal motivo, dentro de estos 10 pasos básicos debería incluirse, en primera medida, la necesidad de aprender a “bloquear” al marido cuando comience con la eterna queja al sistema económico del momento, la democracia, el desempeño de empleados más jóvenes que él y la llegada del nuevo Gerente con la subsiguiente reestructuración de la empresa, aprendiendo también a sonreírle, asentir o negar tal cual él lo haga, pero evitando comentarios poco gratos para el afectado.
A continuación, deberá explicitarse la mejor manera en la que, la mujer del desocupado, deberá comunicarle las deudas de servicios e impuestos del hogar, el aumento del colegio de los niños y el incremento en los precios del supermercado sin que él desee asesinarla ni bien se entere de los gastos por pagar. Importante: En caso que suceda lo peor, la guía deberá contener consejos básicos de defensa personal por si acaso.
Como tercer punto fundamental en este vínculo entre desocupado y esposa, deberá definirse los términos en los que la susodicha deberá comunicarle al marido la necesidad incipiente de levantarse de una vez por todas de la cama, sacudirse la mala onda, afeitarse exhaustivamente y acto seguido, salir a “comerse la cancha” buscando un nuevo empleo aunque su DNI acuse más de 40 y pico de años. (Ojo, esto será complicado porque a esa edad los hombres tienen su primer gran crisis y la tarea no será nada sencilla)
Otro aspecto a considerar en esta guía, será el aprendizaje relacionado a evitar frases del tipo de “no tengo que ponerme”, “nunca nos tomamos vacaciones”, “quiero esas botas de cuero” porque si se pronuncian, podrían llegar a generarse conflictos bélicos en la pareja que al cortísimo plazo, influenciarán en el desempeño escolar y emocional de las criaturas compartidas. (Lo que adosará un nuevo gasto a la estructura familiar: una terapeuta infantil para los más pequeños)
Debido a lo anterior, la principal ejecutadora en esta nueva etapa de vida familiar, será la mujer que además de lavar la ropa, cocinar económicamente, hacer la tarea con los chicos y mantener limpio el hogar con un escuetísimo presupuesto, deberá llamarse al silencio evitando reproches y propuestas que requieran inversiones alocadas para el bolsillo desocupado del marido.
De todo lo anterior, es innegable que en una guía que explicite la forma de sobrevivir ante esta realidad, no podrá obviarse los ítems siguientes para completar al 100% su contenido:
No cargosear al marido ni ejercer presión por el término de las primeras dos semanas en las que se encuentre desocupado, por la salud mental de todos los miembros de la familia y de los parientes cercanos.
Si el desocupado es convocado a una reunión laboral, no prender demasiadas velas ni improvisar altares en el hogar para no exacerbar sus nervios. Si es condición sine qua non el armado de estas demostraciones, favor de hacerlo en el hogar maternal, es decir el de la suegra, para que él no advierta la necesidad de triunfar en la entrevista ni la presión que ejercen, en nombre de su mujer, todos los santos habidos y por haber.
Omitir pronunciar frases del tipo de: “está desocupado, imaginate el caos por el que estamos pasando”, “no sabemos qué más hacer para llegar a fin de mes”, “no vamos a ir porque no nos alcanza mi sueldo”, “que haríamos sin mi trabajo”, “por lo menos limpiá la casa ya que no cumplís horarios” en presencia del marido, porque de lo contrario pasará automáticamente a engrosar la lista de divorciadas y abandonadas y no podrá salvar el matrimonio ni aunque invierta industriales sumas de dinero en terapia de pareja, se lo aseguro.
No hacerle demostraciones penosas o relacionadas a la lástima que le genera el ver desocupado a su hombre, ya que sólo conseguirá mayor depresión, mayor desagano y mayor desocupación, claro está.
Evitar, por cualquier medio, ponerlo en evidencia ante sus amigos o su madre/padre dejando claro la condición de desocupado de él y la bendición de ella de haber conseguido un trabajo tiempo atrás, porque de lo contrario hoy estarían en la calle. Eso definitivamente, podría ser la razón de su soledad y el abandono automático de su marido sin volver a verle la cara nunca más.
Usted ha sido advertida. Cuando esté lista la guía, comenzaremos a sumar millones de adeptas en cuestión de segundos, se lo aseguro.
Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Sábado 15 de Mayo de 2010)
Primer aniversario!!!

Que los cumpla feliz! Que los cumpla feliz!
Que los cumpla...Humor Rosa!!!
Que los cumplas feliiiizzz!!!
Luego de esta tradicional canción (que espero sepan imaginársela con melodía y tono de voz incluído, el que más les guste siempre que sea de mujer por supuesto) quiero compartir con ustedes el primer año de vida de Humor Rosa!
Así es, doce meses atrás aproximadamente este blog estaba siendo soñado en la mente de su progenitora, y se concretó ese día en que tímidamente subí mi primer post.
Hoy puedo decir que hemos transitado juntos un hermoso camino, con mucho humor y mucha carcajada dando vueltas que, a mi entender, son algunas de las cosas más sanas y hermosas que existen!
Esa fue la intención del blog, y creo que pude cumplirla con todos ustedes que día a día me acompañan!!!
Aun queda mucho camino rosa por recorrer (si es que mi inspiración no me abandona súbitamente un día de estos) y por eso, sigo contando con ustedes para compartir experiencias, realidades, y en definitiva, cosas de todos los días pero abordadas desde un humor particular que hemos dado en llamar: Humor Rosa!!!
Estimadas congéneres, soplemos juntas la vela de este primer añito deseando que sean muchos más compartiendo el buen humor que tanto nos caracteriza...
A los del sexo opuesto, aunque pocos y anónimos, también una invitación a unirse a esta realidad femenina que tanto pero tanto, habla de nosotras...
Un abrazo grande para todos! Gracias por acompañarme en esta hermosa aventura!
Con cariño, Julieta (la chica tremendamente rosa, ja!)
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Como para encontrarle la vuelta al mundial!!! (se hace lo que se puede chicas!!!)
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