Matamoscas…siempre a mano

Sin dudas existen tantos tipos de mujeres, como estrategias masculinas para enamorarlas. Sin embargo en esta oportunidad, vamos a hacer hincapié en una sola tipología que, en mi opinión, atenta contra todas las demás mujeres que podrían andar cerca de ella: La mosquita muerta.
Este tipo de espécimen femenino se muestra sumisa y debilitada la mayoría del tiempo, aunque en realidad sea invencible y lleve adelante tácticas premeditadas poco “saludables” para el resto, siempre en pos de su objetivo.
La mayoría del tiempo, creerás que “la mosquita muerta” es sentimental sin cansancio, sensible por naturaleza y frágil como un bizcochuelo de limón, pero lo cierto es que cada vez que pueda, caminará sobre las cabezas de sus pares sin el más mínimo reparo o consideración.
“La mosquita muerta” es obstinada y egocéntrica, y aunque parezca de lo más bondadosa, esconde en su interior un sinfín de maldades jamás confesadas.
Siempre tiene un plan y un objetivo masculino bien definido que, para colmo de males, casi siempre será el mismo hombre que a vos te quita el sueño desde hace años.
Por lo general se muestra recatada e intenta pasar desapercibida para lograr calladamente sus objetivos maliciosos.
Aparenta ser tímida y calladita aunque a puertas adentro y en confianza, suele ser provocadora y bastante pervertida, confirmando el hecho que no le importará un comino si está en el medio entre vos y tu hombrecito, porque justamente para eso han venido al mundo.
Su táctica es materia archi conocida para nosotras, aunque ellos juren y perjuren que no pueden advertir sus ocultas intenciones.
Cada sonrisa tímida esconde un secreto oscuro que la llevará a obtener siempre lo que quiere y a cualquier precio. Atrás quedará tu amistad con ella, la buena onda y lo muy “chica bien” que aparentaba ser.
¿Qué hacés ante una de estas mujeres? Nunca intentes poner en evidencia a una “mosquita muerta” porque tendrá la suficiente cintura como para hacerte ver como una “mujer alterada” y “perseguida”.
Mejor mantente alerta, observala en silencio, no les des el lugar que está buscando y de paso llenala de silencios iguales a los de ella para ver como reacciona ante tanta igualdad de condiciones.
Como sea, tené mucho cuidado si una de estas especímenes anda cerca y aprendé a utilizar tus artimañas femeninas para detectarla al instante porque por lo general, pasa inadvertida hasta el mísmimo momento en el que se cruza ante tus ojos sonriente por estar muy aferradita de la mano de quien, hasta ese momento, era el amor de tu vida y te quitaba el sueño noche de por medio... ¡Creeme, lo mejor es mantenerse alerta y lo más lejos posible de ellas...todo el tiempo!

Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Sábado 23 de Enero de 2010)

“EL” tema crítico del mundo femenino

Finalizamos, a tientas, un año más. La buena noticia es que nos quedan trescientos y pico de días por delante, para trabajar en aquello que nos propongamos.
Con el nuevo calendario, llega también mucho de renovación, desafíos y proyectos.
Sin embargo, aunque hayan cambiado muchas cosas, el tema crítico que sufrimos todas las mujeres en algún momento de nuestras vidas, se mantiene intacto: ¡No estoy conforme con mi cuerpo!
Siempre me sucede en esta época, cuando sin querer me veo al espejo y no puedo creer lo mucho que devoré en el invierno pasado. Podría jurar que he masticado más hidratos de carbono en este último tiempo que en toda mi vida, por eso es que ninguna camisa me cierra ni encuentro pantalón que logre superar el diámetro de mis caderas.
De verdad he probado todo: empecé un miércoles para romper con la tradición del lunes, durante cuatro días comí sólo manzanas y litros de agua mineral sin gas, seguí los tiempos de la luna y hasta disocié mis comidas. Asistí a grupos de autoayuda, comencé el gimnasio (aunque no haya ido a más de dos clases), pensé que lo mejor seria adquirir una máquina caminadora y me autorregalé una. En una oportunidad invertí fortunas para reducir el diámetro de mi abdomen, hice Pilates y hasta medité imaginándome delgada.
Intenté con batidos y suplementos dietarios, hice dieta líquida, corrí un par de kilómetros y visité a una nutricionista; pero los únicos resultados obtenidos hasta el momento se limitan a, un aguinaldo entero para renovar el vestidor y la adquisición de fajas, bodys y derivados, para intentar ocultar esos centímetros de más de mis piernas.
¡Me cansé! Odio mi cuerpo y las muchas veces al día que me pide alimento el muy guacho!
No me gusta nada la idea de aceptarme tal cual soy pero, como no encuentro solución a mi problema, tendré que acomodarme entre estos kilos de más que me hacen ver bastante más “fuertecita” que de costumbre y de paso, tendré que renovar mi guardarropa porque por el momento y mal que me pese, no puedo negarme a un kilo de helado y chocolates varios en una noche lluviosa o una cervecita veraniega al atardecer.
Próximamente tendré que idear un plan B a tanto “rollito” acumulado. Pero, por ahora, mis opciones se reducen a archivar el bikini para el próximo verano y amigarme con el pareo que “ todo lo cubre”, u optar por la moda hippie y gastar sumas considerables de dinero en la adquisición de camisolas, vestidos anchos y polleras eternas para esconder tanto kilo de más en este cuerpo.
Por lo pronto y hasta que resuelva qué hacer con mi cuerpo y con mi vida, dejaré de mirarme en el maldito espejo inquisidor y me apuraré para llegar temprano a casa de Mechi que, dicho sea de paso, me está esperando con una exquisita tarta de duraznos para tomarnos unos mates juntas. Qué se le va a hacer, es lo que hay por estos lados señoras...

Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Sábado 16 de Enero de 2010)

¿Ellas dicen que cocinan mejor?

No conozco mujer que admita, hoy en día, que cocina mejor que el hombre porque a decir verdad, no tengo el gusto de conocer muchas mujeres que disfruten de hacerlo además de mi octogenaria abuela y mi tía solterona que ha soplado 70 velitas en su último cumpleaños.
Mi generación y la de mi madre, ya no disfruta como antaño de las tareas culinarias porque, cómo es que deberíamos disfrutarlo y por lo tanto ser expertas en el tema si, además de cocinar día y noche para nuestros maridos e hijos, ocupamos puestos jerárquicos, escribimos best sellers y colaboramos con actividades sin fines de lucro. Somos amantes, mamás, amigas, hermanas y disfrutamos de ir al spa y a la peluquería una vez al mes. Nos gusta ir al cine, al teatro y salir de “Shopping” de vez en cuando. Hacemos deporte para vernos bonitas y asumimos la dieta que haga falta para bajar esos molestos kilitos de más.
Lentamente, nos hemos convertido en mujeres multifacéticas que “preferimos no queremos el perder tiempo en tareas culinarias” para nuestra prole. Y, a cambio, nos hicimos compinches del delivery de turno, conocemos de memoria la carta del lugar de comida por kilo del barrio y tenemos nuestra propia lista de trattorias, pizzerías y comidas rápidas pegada en la heladera, para “marchar” cualquier plato en cuestión de segundos.
Aceptamos entonces que no cocinamos mejor que nuestros hombres porque si ellos deciden encarar esta actividad, lo harán una única vez en la semana y como excepción, poniéndole todo el esfuerzo y la dedicación que se pone cuando uno realiza una actividad esporádicamente.
Ahora bien, cuando tenemos niños hambrientos y maridos cansados, familias multitudinarias y amigos que llegan a casa de sorpresa, ya no se disfruta del papel de cocinera y entonces, para evitarlo, buscamos en nuestro directorio y con la ayuda del milagroso inalámbrico, suplicamos que nos traigan alguna comida que cumpla con tres requisitos básicos: sano, rico y diferente de lo que pedimos el día anterior para no cansar a los comensales, quienes en definitiva, no preguntarán de dónde vino la comida sino que deglutirán en segundos el plato, argumentando lo “bien” que se come en casa todos los días. Que quieren que les diga… yo brindo por eso, llena de felicidad.

Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Sábado 9 de Enero de 2010)

¡Ellos dicen que manejan mejor…permítanme dudarlo!

Una de las cosas que ellos juran hacer mejor que nosotras es, sin lugar a dudas, el conducir vehículos.
Ante esto, sobradas son las afirmaciones y teorías masculinas que proclaman por ejemplo, que en un auto de mujer los espejos están de adorno (porque no sabemos usarlos) o que estacionar el auto entre otros dos vehículos, es tarea imposible para una dama.
Hay también teorías que afirman que ninguna de nosotras entiende que hay que ponerle agua al auto y que advertimos esta realidad, cuando el automóvil por fin está fundido otros cuestionan nuestra postura al volantes, afirmando que es inconcebible preguntándose una y otra vez como es que hacemos maniobras de manejo si no podemos despegarnos mas de 5 centímetros del parabrisas.
Están también los que dicen que jamás le darían el auto a una mujer y que si descubren una al volante, en lo primero que piensan es en huir rápidamente. Algunos otros sugieren que, cuando ellos son acompañantes, es mejor no hablarnos ni sugerir “música” porque solo ayudará a que cometamos una catástrofe automovilística.
Sin embargo y lejos de los pronósticos, teorías y afirmaciones masculinas, a mi entender prejuiciosas, estoy convencida que el error no radica en nosotras ni en nuestro desempeño como conductoras sino, mas bien, en la tarea de quien nos enseñó el arte del manejo.
¡Aja! Interesante cuestión mis queridas congéneres, si consideramos que en la mayoría de los casos (por no decir la totalidad) quienes enseñan a manejar son los hombres y nosotras, sus alumnas responsables.
Entonces me permito reflexionar y pienso que quizás la culpa es de quien alimenta el animal, es decir, el mismísimo catedrático de sexo masculino que alguna vez decidió enseñarnos a manejar.
¡Definitivamente la culpa NO es nuestra, muchachos! Sólo acatamos órdenes desde el primer día del cursito acelerado…pero ¿Acaso no es eso lo que siempre esperaron de nosotras? ¡Mi más sentido pésame!

Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Sábado 2 de Enero de 2010)

Ahora de vuelta...

Ok, lo admito...me tomé unas largas vacaciones. Lo bueno de todo esto es que no me olvidé de Humor Rosa...por el contrario, estuve trabajando arduamente en un proyecto que lo incluye 100%.
Pero, hasta que pueda darles más detalles, me limitaré a decirles que escribí mucho, descansé una sola semanita, me puse al día con manjares y bebidas exóticas y medité lo suficiente como para encarar este 2010 de manera positiva y energizada.
Así es que, acá estoy nuevamente, mostrándoles todo (o parte) del material producido.
Después de la Nota Central que me llenó de felicidad y orgullo (Miles de Gracias Marisa!!!) han venido algunas más que paso a publicar a continuación.
Mientras tanto...para las que preguntaron...está en camino el librito tantas veces soñado...si me duermo, por favor despiértenme así llega cuanto antes!
Los quiero siempre...ahora de vuelta...
YO.

Depresiones de fin de año



Últimos días del 2009 y con este fin de año se me amontonan, inevitablemente, todos los balances posibles. Aunque no quiera, los hago mientras estoy en la ducha, cuando preparo el desayuno, ni bien termino de almorzar y por supuesto, un rato antes de dormir. Me persiguen por todas partes, recordándome entre otras cosas que:
* Pagué doce meses de gym por adelantado para ir únicamente a las primeras 3 clases.
* Todavía me debo la oportunidad de bajar estos 7 kilos de más que vengo arrastrando por años.
* Tengo que ponerme a buscar un trabajo como la gente para dejar de lidiar con mi jefe cascarrabias.
* Todavía no entregué el trabajo final y que, por lo tanto, nunca voy a recibirme.
* Ya es momento de encontrar un buen hombre que sepa lo que quiere para los próximos tres meses (siendo exagerada)
* A partir de marzo ahorro, como mínimo, $100 por mes para tener las merecidas vacaciones.
* No volveré a gastar $1200 en un par de zapatos para no usarlos más de una noche.
* Cada vez que tenga “angustia oral” dejaré el helado y preferiré un kilo de manzanas.
* Definitivamente tengo que encontrar el psicólogo adecuado para poder ser un poquitito más feliz.

*Si no consigo el psicólogo indicado empezaré con yoga, meditación, Reiki o lo que sea que me de un poco de paz a tanto quilombo.
* Mi hermana me tiene repodrida con sus problemas y con su ser “centro del universo” asíque en el 2010 tomo si o si, cartas en el asunto.
* En marzo empiezo a buscar un depto como la gente porque el vecino de arriba me tiene harta con sus “ruiditos obscenos de medianoche”.
* Como sea, voy a comprarme una compu nueva porque la que tengo ahora tiene un problemita con la A que me está volviendo loca, y si no lo hago, voy a tener que dejar de escribirles, algo que no me permitiría, porque me encanta!!! Epa, sin quererlo encontré algo que de verdad me encanta! Y bue…algo positivo tenía que tener este año, chin chin para todas!!!

Por Julieta Gáname (Texto publicado en el Suplemento Mujeres al Día del Diario Día a Día - Diciembre de 2009)

¡Chau 2009…. y todo lo que no hicimos!

Fin de año, un 2010 por delante, ahí, enterito frente a nuestros ojos para comenzar a concretar todo lo que pospusimos este año.
Claro que para hacerlo, primero tendremos que sobreponernos al tan temido “balance de fin de año”, algo que para la mayoría se nos plantea como un problema en lugar de una solución.
Hay que reconocer que existen en estas épocas, tantos tipos de balances como personas en el mundo (¿O alguien no los hace?) Los hay autocríticos, destructivos y otros más livianos. Algunos ponen en evidencia lo mucho que dejamos afuera del tintero y otros, nos muestran sólo aquello que hemos generado.
Sin embargo, y aunque haya miles de ellos, repasar el año que se está yendo, comenzar a palpitar el que vendrá, hacer cálculos y premoniciones, no es sencillo para ninguna, de eso estoy segura.

Un año que termina
Como suele sucedernos, con un año a días de finalizar, llega también la desesperación por todo lo que no concretamos. Angustia e incertidumbre se mezclan en una química que podría llegar a ser altamente peligrosa.
Como si todo eso fuera poco, habrá que sumarle también la tortura del veranito y los calores, que obligan a quitarnos algunas prendas con las que hasta ahora, veníamos cubriéndonos unas cuantas imperfecciones.
Así comienzan los reproches, algún que otro enojo y las ganas de hacer, en unos pocos días, todo lo que hasta hoy no pudimos.
Quedaron atrás los trescientos y pico de días del 2009, por delante un nuevo año que se nos presenta como la posibilidad para corregir, reparar y hasta parchar todo lo que no resultó como lo esperábamos. Claro que poner primera y salir adelante no es tarea sencilla, primero tendremos que sobreponernos a situaciones que nos harán sentir en la cuerda floja a cada segundo.

Cuerpo soñado? Bien, gracias…
Cuando la temperatura comienza a levantar y el servicio meteorológico acusa más de 30 grados centígrados (a la sombra), comienzan a la vez un sin número de reproches a nosotras mismas y la sensación de no haber podido superar las dietas empezadas.
Las opciones son escasas y deliberamos un buen rato entre volvernos vegetarianas de repente, comenzar a alimentarnos a base de manzanas y agua mineral o pagar algún tratamiento milagroso.
Frente al espejo, enloquecemos para hacerle frente a las malditas estrías y celulitis, obtener un abdomen chato, un culo parado o por lo menos, un buen bronceado aunque trabajemos más de ocho horas por día.
Reflexionamos bastante, investigamos las posibilidades, hacemos números, consultamos el saldo de nuestras tarjetas de crédito, preguntamos a amigas y conocidas y de un momento a otro, nos vemos desembolsando cantidades industriales de dinero en ese lugar que promete la figura soñada en tan sólo 10 días.
Entonces, apuradas, dejamos que nos embadurnen de ungüentos dudosos, nos hagan tratamientos con nombres impronunciables y nos envuelvan de pie a cabeza en papel film, para reducir, aunque más no sea, 1 centímetro el inmenso diámetro de nuestras piernas. Todo en pos de la figura perfecta y un verano feliz.
Si revisamos la lista de prioridades lo peor es que veremos que, para nosotras, la salud no fue lo primero. Más allá de llegar a los inalcanzables parámetros de belleza que la tele nos muestra, recordamos que nuestro médico nos recomendó a principio de año, hacer ejercicio, comer sano y buscar actividades placenteras, porque nuestro corazón, músculos, columna, pulmones, riñones (o la parte del cuerpo más inesperada) lo requería.

Nada concluye al fin…
Una vez que comenzamos los trabajos forzosos para volver a sentirnos bellas, asumimos que por fin, la parte estética estará cubierta por un buen tiempo. Sin embargo, lejos de despreocuparnos sentimos que aun quedan millones de tareas pendientes que comienzan a resurgir en el momento menos indicado: fin de año.
Los temas elegidos para arremeter contra nosotras tendrán diferentes prioridades según la protagonista pero, a mi entender, todas (o la mayoría) vivenciamos esta parte del año como si estuviéramos transitando por un camino sinuoso.
Comienzan por ejemplo, los cuestionamientos de la falta de dinero o peor, la escasa capacidad de ahorro que nos prometimos en marzo y que evidentemente, no pudimos lograr.
Entre medio, las publicidades bombardeándonos con ofertas de último momento a destinos paradisíacos y con promociones accesibles, sumado a que la mayoría de los amigos, conocidos o familiares lograron guardarse algunos pesos y todos corren a contratar el paquete a su medida mientras que algunas, como yo, seguimos desafiando la matemática y pasamos largas horas frente a la calculadora intentando conseguir el dinero necesario para descansar dos semanas y pasarla bomba.
Como si todo esto fuera poco, los niños corretean por toda la casa sofocados por tanto encierro, obligándote a definir si lo poco que ahorramos lo invertiremos en quince días panza arriba o una buena colonia de vacaciones que nos permita algún tipo de respiro con estas criaturas sofocadas.
¿Queda alguna duda que la mayoría de nosotras optamos por la segunda opción?

El aguinaldo salvador
Llegando a diciembre, comenzamos a soñar con el aguinaldo tan esperado. Con los ojos bien abiertos, fantaseamos con aquello que haremos con esos centavos de más, creyendo que por fin, podremos sentirnos más aliviados en cuanto tema de economía familiar se trate. Lo cierto es que lejos de obtener aquel descanso, advertimos desilusionadas que sólo conseguimos cancelar alguna que otra deuda y el sueño del aguinaldo malgastado o ahorrado, se esfuma de nuestras manos como por arte de magia. Todo parece volverse negro.
Y comienzan, inevitablemente, los cientos de miles de reproches por no haber sabido acopiar el dinero, por haber comprado el tele más grande, por habernos encaprichado con ese par de zapatos costosísimos que sólo estrenamos y de paso, estamos convencidas que, si hubiésemos ahorrado lo del tratamiento estético quizá hoy estaríamos con posibilidades de un viajecito. Pero ¿Me hubiera querido calzar el bikini con tanto rollo de más?
Y bue…ya está hecho…no hay nada que hacer para remediarlo.

El replanteo laboral
Como si todo esto fuera poco, debemos sumarle a la ansiedad del fin del año, un motivo decisivo para nuestro futuro: el replanteo laboral.
Cierto es que, si bien no existen estadísticas al respecto, no podemos negar que cuando el año comienza a terminarse, nuestros balances empezarán también a encender luces de emergencia cuando el trabajo existente no satisface ampliamente nuestras expectativas.
Creemos a ciencia cierta que, si debemos replantear estos asuntos, éste es el momento adecuado y comenzamos a actualizar curriculum, revisar clasificados e ingresamos a cuenta búsqueda laboral conozcamos.
Todo para obtener ese puesto que tanto deseamos o algunos más osados, renunciar para poder apuntalar el sueño del proyecto independiente.
Como sea, comenzaremos la búsqueda incesante por el empleo nuevo descuidando, mucho más de lo que lo hacíamos, al anterior. Hasta que comienzan las entrevistas y la ansiedad empieza a disiparse.
Habrá que tener paciencia, porque de lo contrario, nuestra propia naturaleza femenina podrá jugarnos una mala pasada.

¿En tu casa o en la mía?
Cansadas de lidiar contra una realidad alarmante, decidimos que lo mejor será planificar las fiestas para pasar un lindo fin de semana cerca de la familia.
Decididas, nos sentamos a la mesa para debatir el tan mal ponderado: ¿En tu casa o en la mía?
Ellos sin pensarlo dos veces, se despachan con un sin fin de objeciones en relación a nuestra familia y aunque estemos convencidas que están en lo cierto, no podemos aceptar el hecho de que una vez más la navidad sea con sus viejos.
Así es que comenzamos la disputa esperada y madre, padre, hermanos y sobrinos comienzan a ser blanco de nuestras agresiones porque en definitiva, si vamos a pelear, ponemos todas las armas sobre la mesa.
De repente toda su familia se vuelve aburrida, egoísta, mala onda y la nuestra, que tanto criticamos durante el año, parece ser una réplica exacta de la Familia Ingalls.
Ellos conocen a la perfección nuestras artimañas y desarticulan al instante cada una de nuestras hostigaciones.
Nosotras derrotadas, aceptamos que aunque no tengamos el mejor árbol genealógico de la historia, queremos pasar navidad con ellos y prometemos que si eso sucede, el año nuevo será mucho mejor porque iremos bien predispuestas.
Así van pasando los días hasta que alguno de los dos decide ceder y por fin tenemos el lugar (y la familia) para pasar la nochebuena y comenzar el año próximo.
¿Estamos en paz? Nooo!!! Porque vendrán prontamente las dificultades para consensuar menú, vajilla para todos, regalos prometidos y la compra obligada de la garrapiñada en cuestión.
Así es que las discusiones continuarán hasta el mísmimo 24 en el obligadamente nos sentamos a la mesa para tratar de dejar atrás los reproches en pos de una noche especial de encuentro y buenos augurios para todos


Tips para el 2010

Si definitivamente no podemos ir a un gimnasio, organicemos con alguna amiga “exigente” para que nos obligue a salir a caminar desde el 1 de marzo tres veces por semana.
Busquemos dietas que, en lo posible, se adecuen a nuestros gustos y tiempos, no sirve de nada matarnos durante 20 días para terminar comiéndonos una vaca entera en el primer cumpleaños que tengamos. Una buena opción es entender que comer sano, nos ayuda en la integridad.
Hagamos terapia: busquemos un terapeuta recomendado, o una actividad grupal para comenzar a amigarnos con lo que somos, porque aceptándonos podremos generar cambios sostenibles en el tiempo.
Seamos buenas con nosotras mismas: compremos ropa de buena calidad, que nos combine, que nos haga sentirnos bien, evitemos el bisturí.
Salgamos a lugares diferentes: cambiemos de entornos, conozcamos gente nueva, probemos otras opciones. Eso decididamente nos va a hacer bien para nuestra salud mental.
En definitiva, empecemos alguna actividad que venimos posponiendo, sonriamos más seguido, pronunciemos palabras lindas, seamos cariñosos, disfrutemos del relax, leamos un buen libro, compartamos unos mates con amigos porque sea como sea, todo será más sencillo si intentamos ser un poquito más felices todos los días.

Por Julieta Gáname (Nota Central publicada en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Sábado 19 de Diciembre de 2009)


CONFESIONES EN ROSA...:::NOTA CENTRAL:::!!!!!!!!!!

Estimadas/os: tengo el agrado de compartir con ustedes (mis lectores) que Humor Rosa/Confesiones en rosa ha concebido una nueva hija...y dio a luz...si Sres./as ayer sábado 19/12, fue NOTA CENTRAL del Suplemento Mujeres al día del diario DÍA A DÍA.
Es una inmensa emoción para mí...compartirlo con ustedes...
Por ahora les dejo la imagen...en unos días más podrán leer la nota entera!
Gracias a todos por seguir viniendo por acá...los abrazo fuerte!!!
Julieta

Las 5 cosas que más me molestan en esta época:


1. Caminar por el centro y ver los locales atestados de muérdagos y mucha pero mucha nieve, cuando en la vida hemos tenido una navidad nevada. Ya es hora que cambiemos la decoración o intentemos probar con un Papá Noel de bermuda y musculosa…quizás ahí suene un poquito más creíble el señor de barba blancas.

2. Las tediosas costumbres gastronómicas de la navidad: comer, hasta explorar, alimentos a base de chocolate, almendras y garrapiñadas varias. Me pregunto, ¿Para qué me estuve cuidando todo el año si en una sola noche engordo los pocos kilos que eliminé de mi cuerpo? ¿No es hora de cambiar por una ensaladita y alguna fruta de estación?

3. La familia unida: Si durante un año calendario no nos llamamos ni para saludarnos, como es qué, de repente, nos queremos y lloramos juntos brindando en pos de la paz mundial y la bendición del Señor. Sería más lógico que trabajáramos los vínculos durante los once meses posteriores o que en definitiva, sepamos aceptar una Navidad reducida en invitados.

4. El 25 de diciembre y las sobras: Detesto amanecer un 25 de diciembre comiendo la cantidad industrial de comida que sobró de la nochebuena. Me niego a aceptarlo, quiero comida elaborada ese día. Para recalentar, tengo los otros 364.

5. El calor en la oficina: Detesto a más no poder la gente que no cumple horario de oficina. Mientras que cumplo mis responsabilidades con 42 grados centígrados a la sombra, algunos gozan del privilegio de la pileta, el sol y por supuesto, un bronceado caribeño sin ningún tipo de responsabilidad. ¡Grrr!

Aunque pensándolo bien, esta época me genera sensaciones encontradas porque, en definitiva, siempre viene bien una excusa para brindar en familia, reunirnos con amigos y repetirnos una y otra vez, gracias a las copitas de más, lo mucho que nos queremos y extrañamos durante todo el año. ¡Salutti!
Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Sábado 12 de Diciembre de 2009)



Machismo y buenos modales...


De nosotras se espera todo el tiempo. De ellos también pero se asume correcto que puedan eructar y estar con cientos de mujeres al mismo tiempo bajo el justificativo de ser verdaderos “machos”. Nosotras en cambio, tenemos que ser Señoras o Señoritas y nada, absolutamente nada puede estar fuera de control, por ningún motivo.

Si ellos pelean, son fuertes. Si nosotras nos tironeamos un poco de los pelos con otras, somos unas taradas.
Si ellos gritan viendo un partido, son fanáticos. Si nosotras nos saludamos, después de mucho tiempo sin vernos con alaridos por demás agudos, somos unas histéricas.
Si ellos hacen concursos de eructos, son divertidos. Si nosotras pretendemos sumarnos, somos marimachos.
Si ellos beben más de un litro de cerveza en 15 minutos, “se la re bancan”. Si nosotras pedimos el tercer vaso, somos unas alcohólicas.
Si ellos comen mucho, se pondrán fuertecitos. Si nosotras repetimos la guarnición, nos mirarán feo y sentiremos tanta “angustia oral” que terminaremos comiendo una vaca entera.
Si ellos se levantan de la mesa para atender el teléfono, son responsables y trabajadores. Si nosotras lo hacemos, estamos mal educadas porque no respetamos ni el momento de la comida.
Si ellos olvidan abrirnos la puerta del auto, lo hacen para no ser “cursi” pero si nosotras pedimos que sean caballeros de vez en cuando la respuesta será inminente “¿Y para que te la tirás de feminista, entonces?
Si ellos se compran una bolsa de chocolates, fue tentación. Si nosotras pedimos Lemon Pie a las 3 AM de un lunes por la noche, somos unas primerizas insoportables.

Feminismo, malas costumbres, buenas formas, machismo…sea como sea a nosotras nos siguen exigiendo buenos modales las 24 horas del día mientras que ellos se justifican y dicen ser “más machitos” cada vez que olvidan las buenas costumbres ¿Y nosotras? ¿Seguimos justificándolos? Me pregunto… ¿La culpa es del chancho?


Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Sábado 28 de Noviembre de 2009)

Veo, veo... qué ves?

1. Mujer que tiene el guardarropa atestado de remeras largas, por lo greneal dos talles más grandes al que debería, sueltas y de color negro: La mujer que utiliza este tipo de prendas más de una vez por semana seguramente está ecxcedida en peso, y por eso pretende pasar desapercibida adentro de una carpa gigante y oscura. Se esconde detrás de esa cantidad industrial de tela para que no se marquen los “rolltitos” y para ocultar sus brazos regordetes. Este tipo de mujeres se siente linda sólo cuando “ se produce” porque DEBE hacerlo, ya que ninguna de nosotras disfrutamos el vestir cuando hemos comido más de 6 kilos en el ultimo invierno. ¡Un problema!

2. Mujer que tiene el placard con una importante variedad de colores: O es una adolescente privilegiada (por cuerpo y bolsillo) o es una cincuentona separada que desea volver a estar de novia pero “cama afuera”.
Si no pasa los 21, seguramente tiene un papá millonario al que le encanta regalar extensiones de sus tarjetas de crédito. Estas jovencitas viven acusando que no tienen que ponerse aunque tengan en su poder, más de 6 prendas por color. Para vestirse, elegirán tonos fuertes porque además de dinero, el universo les regaló un cuerpo perfecto y adoran combinar remeras con zapatos, carteras, accesorios y hasta ropa interior. Por otro lado, la señora cincuentona, vive siendo criticada por sus excentricidades y por lo muy ceñida que va por la vida con remeras de su hija y colores estridentes. ¡Una desubicada!

3. Mujer que tiene el vestidor en la gama de los marrones: este tipo de chica suele ser clásica en exceso y eligió serlo después del papelón que vivió en la secundaria por no saber vestirse adecuadamente. El trauma de la fiesta fue tal, que de un día para el otro y amparada por el estilo clásico dejó de arriesgarse y prefirió comprar remeras, pantalones, medias, ropa interior y accesorios en colores marrones, grises y negros, pero eso si, en versiones pasteles. ¡Un aburrimiento!

4. Mujer que tiene el guardarropa atestado de floreados, rayados y manchados: Mujer que, aun con 30 y pico, se la tira de pendeja y para colmo de males, de hippie furiosa aunque cada una de sus remeras floreadas le hayan costado más de la mitad de su sueldo. Suelen ser ptoganistas de cuanto evento se trate por su vestir tan particular, aunque muchas veces cruzan la barrera de lo permitido y se aparecen vestidas de pies a cabeza de flores silvestres. ¡Un exceso!


5. Mujer que tiene mayor cantidad de ropa blanca: En este punto tenemos dos tipos de mujeres, la que siempre fue delgada pero además le adosaron un buen par de gomas y un cu… admirable, o la que después de una dieta exhaustiva a base de agua y manzanas se volvió delgada y está de estreno. Ambas, resaltan su cuerpo con el blanco y algun que otro colorcito, siempre que sea “claro”. Son también las responsables de organizar para fin de año, las fiestas blancas en las que ellas disfrutan de estar inmaculadas de pies a cabezas y vos (y yo) rogamos caer en la cama culpa de una fiebre altísima o inventamos excusas idiotas para no tener que asistir a ese tipo de eventos porque siempre pero siempre, nos asemejamos a la heladera más grande de la casa de eletrodomésticos, sí esa que te da hielo y agua fria con dos compartimentos separados. Ellas felices resaltando su bronceado y su figura, y nosotras sufriendo, desde el momento mismo en el que descubrimos el mail con la invitación en cuestión.

En definitiva, dime cómo te vistes y te diré cómo te veo…pero estate atenta porque todo lo que te pongas, dará que hablar a las demás. ¡Que nos sea leve!


Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Sábado 21 de Noviembre de 2009)

El mejor invento del hombre: La depiladora eléctrica

Desde mi humilde punto de vista y sin ánimos de exagerar, debo confesarles que el mejor invento del hombre que la mujer puede disfrutar es, sin lugar a dudas, la depiladora eléctrica.
Si bien es cierto que algunos inventos como el celular, la procesadora o la lustra aspiradora han llegado a revolucionar las tareas domésticas, a mi entender, la maquinita de depilar ha llegado para poner fin al tan temido y mucho más detestado: “tirón depilatorio”.
Si, no sólo nos brinda la posibilidad de volvernos lampiñas en cuestión de segundos, sino que además nos permite hacerlo sin sufrimiento excesivo, quemaduras indeseadas, ni malditos tirones por demás dolorosos. Este invento nos liberó de una vez y para siempre de la esclavizante visita a la depiladora cada 15 días religiosamente.
Como ven, he decidido evitar la cara como nariz de payaso por los tirones y dejaré de ver las estrellas por culpa de un cavado malicioso. Señora, súmese a esta cruzada y pongamos fin a la temperatura excesiva de la cera, los tirones insoportables y el pegoteo post depilación.
Hoy, definitivamente hoy, terminemos con los accidentes domésticos por recalentar este ungüento (dicho sea de paso, hasta quemé el microondas intentando depilarme el bigote) y aprovechemos para declararles la guerra a esos seres que, haciéndose pasar por “depiladoras” sólo esconden sus más odiosos deseos de vernos sufrir, mientras que nosotras, agazapadas en una esquina del cubículo por temor a ese puñado de cera caliente, pretendemos recuperar la femineidad perdida en una quincena.
Así es señoras, desde hoy, día en el que reivindicaré a la maquinita eléctrica como el mejor invento del hombre, dejo de sufrir y me dedico a volverme lampiña en segundos, mirando un poco de tele o navegando en la red, porque elijo extirpar mis vellitos sin máximos cuidados ni fuerzas inhumanas, sólo un poco de electricidad y el deseo de acariciar un par de piernas sedosas y bellas, limpias de vello.

Por Julieta Gáname (Texto publicado en el suplemento "Mujeres al día" del diario Día a Día - Sábado 14 de Noviembre de 2009)

Como para encontrarle la vuelta al mundial!!! (se hace lo que se puede chicas!!!)